SIN RED

Loli Escribano

Periodista


¡A mandar!

Esta semana se ha celebrado Santa Águeda. El día en el que mandan las mujeres. Me resulta sorprendente que en esta época en la que las reivindicaciones de igualdad están a la orden del día, se siga celebrando una festividad totalmente machista y denigrante para el sexo femenino. Antiguamente se les permitía mandar un día porque los otros 364 no tenían esa capacidad de toma de decisiones. No me sirve el argumento facilón de son costumbres que se mantienen. ¿Realmente las mujeres necesitan mantener una tradición tan terriblemente discriminatoria hacia sus derechos? Es una de las grandes incoherencias de los tiempos que nos han tocado vivir. Defendemos y exigimos el lenguaje inclusivo que llega a límites a veces ridículos como las miembras famosas. Defendemos y exigimos la paridad, defendemos y exigimos las políticas de igualdad, defendemos y exigimos leyes contundentes que garanticen los mismos salarios ante los mismos trabajos. En un mes celebraremos el ‘Día de la Mujer’ que en los últimos años ha conseguido unir en las calles a miles de féminas de todas las generaciones, pero seguimos  erre que erre con Santa Águeda. 
Si sorprendente es que haya mujeres que sigan juntándose a comer o a jugar a los bolos o a ver una obra de teatro o a lo que les dé la gana para celebrar el día en el que mandan, aún me deja más anonadada la implicación de las administraciones. Los CEAS de la Diputación siguen celebrando Santa Águeda. Lo hicieron con una comida popular en Los Villares a la que, por supuesto, solo asistieron mujeres. Me alienta comprobar que la media de edad de ese grupo era de más de 60 años. Ni una sola joven. Quiero pensar que las nuevas generaciones asumen un planteamiento parecido al que estoy exponiendo. Que son coherentes con el discurso que defendemos mayoritariamente sobre la labor que aún se necesita para que estemos equiparadas en derechos a los hombres. En deberes parece que tenemos aún bastantes más que ellos. También habría que equilibrarlos. En ayuntamientos como el de El Burgo de Osma o el de la propia capital, el alcalde cede el bastón de mando como señal de autoridad. Llamativo en cualquier regidor, pero más en uno progresista. Da la sensación de que cambian el bastón y unos besos por un puñado de votos y ellas se quedan tan contentas con el talante y los ósculos de sus alcaldes. Afortunadamente ya hay muchas mujeres alcaldesas, pero aún así se siguen arrastrando estas costumbres ofensivas hacia los derechos de un colectivo como es el femenino.  Cuando se reivindica el espacio que a la mujer le corresponde habría que comenzar por dejar de mantener estas tradiciones que siguen evidenciando que estamos a años de luz de esa igualdad necesaria en la sociedad.