Carlos Lafuente

Carlos Lafuente

Trabajador de la Función Pública


En boxes

04/11/2023

Después de tanta vuelta rápida ahora me toca entrar en boxes para revisión y cambio de piezas en mal estado. Bastante poco me pasa después de haber llevado mi auto muchas veces subido de vueltas. Pero siempre he pensado que hay que vivir el momento, entendiendo ese vivir como ser feliz.
Me doy cuenta ahora cómo cambian nuestras percepciones de la felicidad. Si antaño era vivir deprisa y a tope de revoluciones, ahora nos gusta la paz, el sosiego, una buena gastronomía, un buen vino y, sobre todo, elegir bien la compañía. Es obligado decir que lo que nunca he cambiado son mis gustos musicales. Sigo siendo fiel a mis conjuntos de adolescencia que se han ido incrementando con los años. No aguanto el reggaeton. De hecho, últimamente me han hecho resonancias magnéticas y cuando estás en ese 'tubo' ruidoso, esos sonidos es lo más parecido que he oído al reggaeton. Eso sí, sin letra, que se agradece.
Pretendo escribir varias entregas de cuál es mi camino ante la enfermedad y cuáles son mis percepciones. Me gustaría con ello ayudar a alguien que esté en mi situación y que vea que la cosa no es tan grave, aunque si es repetitivo. El guion cambia poco.
Después de mi anterior artículo en El Día de Soria y la amable entrevista en La 8 Soria, habéis sido muchos los que os habéis dirigido a mí para darme fuerza, mandarme buenas vibras y, de alguna manera, mostrar su solidaridad.
Es muy gratificante que la gente te muestre con valentía su cariño, aunque es preocupante la percepción que tienen de esta enfermedad. Las posibilidades estadísticas de curación del cáncer son altas y los avances conseguidos por la ciencia y la medicina son alucinantes, aunque sigue siendo un tratamiento bastante agresivo. Y esto lo digo por lo que cuentan, porque hasta finales de esta semana no probaré la quimioterapia. Y eso será otro capítulo de boxes.
Hay que decir que de estos momentos de mi vida estoy extrayendo muchas cosas buenas. Como ser más sensible al dolor ajeno, dar el verdadero valor a los que nos cuidan día a día, y el reencontrarme con amigos que casi daba por perdidos, como mi amigo mañico Hilario. Todo un lujo saber apreciar estas cosas. Ahora, ¡vamos a por todo!