Cada año dependemos más del cereal extranjero

M.H. (SPC)
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La superficie sembrada disminuye a causa del alza de los costes, a lo que se añade la peor cosecha que se recuerda. En el otro extremo, las plantaciones de frutales y tropicales están en pleno auge

Cada año dependemos más del cereal extranjero

La superficie de tierras de cultivo de España ha descendido en 2023 un 0,28% en comparación con el año anterior, quedándose en 16.782.814 de hectáreas debido a una caída del 3,12% en los herbáceos que no se ha visto compensada por el aumento del 0,70% que han experimentado los leñosos. Eso es lo que dicen los datos de la última Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (Esyrce) del Ministerio de Agricultura, que califica esta situación como de «marcada estabilidad» a pesar de que desde 2018 la superficie de cultivo ha decrecido en un 1,35% (226.567 hectáreas menos) y de que en la última década el abandono de tierras ha afectado a 655.663 hectáreas.

El descenso de los cultivos herbáceos, hasta quedar en 8.374.339 hectáreas, se debe fundamentalmente al decrecimiento del 3,95% de los cereales, que es el grupo mayoritario (5.711.450 hectáreas); a la merma del 10,64% de los tubérculos y a la caída del 13,88% en los cultivos industriales. Esta realidad, unida a la peor cosecha que se recuerda, ha provocado que España haya acrecentado sus importaciones de cereales un 30%. Ucrania, a pesar de la guerra, se mantiene como principal proveedor, seguido por Brasil y Francia, según los datos de aduanas de los comerciantes portuarios correspondientes a los diez primeros meses de 2023.

Dentro de las especies herbáceas, el descenso de los cereales está arrastrado por la fuerte caída de cultivos como el maíz (-18,55%), el trigo duro (-12,26%) y las dos variedades de cebada (-16,77% entre ambas). Salvo la avena (+21,66%), que es un cultivo muy residual, y otros cereales grano (+158,45%) entre los que se incluyen la espelta, escanda y mijo, también de muy poca importancia, ha descendido la superficie de todos los cereales de invierno. La nefasta cosecha de 2023 no debe hacer olvidar a la de 2022, que también fue muy corta. Este hecho mermó la rentabilidad de las explotaciones, lo que, unido a los altos precios de los abonos y otros insumos, hizo replantearse las siembras del año pasado a muchos agricultores. Prueba de ello es este descenso, que se ve reflejado en el aumento de las tierras en barbecho.

Cada año dependemos más del cereal extranjeroCada año dependemos más del cereal extranjeroEl secretario general de Unistock (Asociación Española de Almacenistas Portuarios de Granos, Cereales y derivados), José Manuel Álvarez, ha subrayado que el mercado «se ha acostumbrado» a la guerra de Ucrania, en contraste con la crisis de materias primas que generó cuando comenzó (febrero de 2022). De hecho, los precios de los cereales experimentan actualmente una tendencia bajista y la semana ha comenzado con leves subidas en el mercado de referencia de París y bajadas en el de futuros de Chicago -pese a las tensiones por otro conflicto, el del mar Rojo-. También en 2023 acabó el acuerdo para facilitar la exportación de grano del Mar Negro entre Ucrania y Rusia, auspiciado por la ONU y Turquía, pero las cifras reflejan que esto no ha impedido que siga llegando a España el cereal ucraniano.

Las importaciones españolas de cereales alcanzaron los 19.187.227 toneladas a lo largo de los diez primeros meses de 2023, un 29% más que el mismo período anterior, pero las de trigo se duplicaron y las de cebada se triplicaron, según las cifras de Unistock. Y ello a pesar de que la fabricación de pienso, principal destino del cereal en España, sufrió en 2023 un descenso -que el propio sector califica como «inédito»- debido, principalmente, a la reducción de la cabaña porcina.

La compra de grano durante los diez primeros meses de 2023 supera incluso al total importado en 2022 (18,7 millones). La compra de trigo ascendió a 8.058.821 toneladas entre enero y octubre, un 118% más que los diez meses anteriores, mientras que las importaciones de cebada crecieron un 366%, hasta 3.011.622 toneladas, en contraste con las de maíz, que alcanzaron 7.282.212 toneladas y descendieron un 21,8%.

Cada año dependemos más del cereal extranjeroCada año dependemos más del cereal extranjeroA falta de cierre de los datos de todo el año, Ucrania se mantiene como primer origen en trigo y maíz, los cereales principales, y, dentro de las oleaginosas, el segundo en importaciones de pipas de girasol (solo superado por Argentina). Los almacenistas portuarios esperan que la foto anual sea similar a la de los diez primeros meses, pero podría variar en el caso del maíz, ya que tradicionalmente en el segundo semestre de cada año el suministro es mayor de Brasil, mientras que en el primero prevalece el europeo.

Álvarez ha recordado que en 2023, en contraste con la paupérrima cosecha obtenida en España, la oferta mundial fue abundante, lo que garantizó el «abastecimiento para toda la cadena alimentaria» -del campo a la fabricación de piensos, en la que España es líder en la Unión Europea-.

Además, las caídas del arroz        (-6,50%) y el maíz (-18,55%) les lleva a presentar su menor superficie de los últimos veinte años, con 57.884 y 249.249 hectáreas respectivamente, como consecuencia de la prolongada sequía de las últimas campañas y la lógica merma en la dotación de agua disponible para el riego, de la que ambos cultivos son muy dependientes en nuestras latitudes.

Cada año dependemos más del cereal extranjeroCada año dependemos más del cereal extranjero - Foto: Óscar SolorzanoAlgunos aumentos.

Las tierras de cultivo en barbecho (que junto con los herbáceos conforman las tierras arables), manifiestan un ligero aumento en su conjunto (un 6,93%) hasta los 2.850.003 hectáreas. Este hecho se explica, al menos en parte, por la decisión de no sembrar de algunos agricultores causada por la sequía y el alto precio de los insumos.

Las leguminosas grano es el único grupo de cultivos herbáceos que aumenta su superficie respecto al año anterior, un 50,3%, hasta las 491.055 hectáreas; destaca el incremento de garbanzos (93,01%), guisantes (55,85%), veza grano (23,02%) y yeros (101,50%). Los incentivos de la PAC para este tipo de cultivos (rotación, cubiertas vegetales...) son sin duda uno de los factores con más peso para explicar este fenómeno. Junto con las algarrobas, que han desaparecido en la campaña 2023 (-100%), las lentejas son las únicas legumbres que decrecen respecto al año 2022 (-2,56%).

Al contrario que las leguminosas, los cultivos industriales son el grupo de herbáceos en el que que más desciende porcentualmente la superficie en 2023, destacando el girasol (-16,20%), el algodón         (-21,35%) y la colza (-15,62%) fundamentalmente, a pesar de que esta última llevaba varios años en franco aumento. Los otros cultivos industriales, entre los que se encuentran el lúpulo, los condimentos, el cacahuete, la camelina, etc., descienden un 30,66%. El cultivo que más aumenta porcentualmente es el cártamo (43,63%), hasta las 18.608 hectáreas, el triple que su superficie en 2019, mientras que la remolacha azucarera (36,03%), que llevaba años mermando su extensión, y el tomate de industria (24,57%) aumentan en más de 12.000 hectáreas en su conjunto.

Por lo que se refiere a la superficie total de las plantas forrajeras, esta desciende un 3,78%, hasta las 928.210 hectáreas y tan sólo el maíz (4,16 %) y otros cultivos con destino forrajero (54,83%), entre los que se encuentran remolacha y nabo forrajeros, coles, berzas y otras plantas de escarda, aumentan de superficie.

El grupo de hortalizas y flores es, dentro de los cultivos herbáceos, el que experimenta un menor descenso respecto al año 2022 (-0,70%) y se queda en 230.231 hectáreas. Destaca el decremento del guisante verde, con cerca de un 33% menos de superficie que en la anterior campaña, seguido del melón (-18,61%), el cultivo que más desciende en términos absolutos. Tan sólo aumentan los cultivos de sandía (38,07%), pimiento (14%) y tomate (13,83%), junto con el resto de otras hortalizas (4,14%), entre las que destacan maíz dulce, lombarda, berenjena y calabacín.

Por otra parte, los cultivos leñosos han aumentado su superficie un año más, hasta alcanzar las 5.413.008 hectáreas, gracias al alza de los frutales no cítricos por la expansión que ha experimentado el pistacho y el auge de los cultivos tropicales como mango, kiwi y aguacate, seguidos en importancia por los frutales de bayas como arándano y moral. Destaca el progresivo aumento de prácticamente todas las especies del grupo exceptuando los frutales cítricos (-0,85%), el viñedo (-0,31%) y algunas especies de hueso, cuya variación exacta no se especifica en el informe.

El olivar aumenta un 0,72% y lo hace en todas sus categorías, sobre todo en la aceituna destinada a mesa y en la de doble aptitud (aceite y mesa). El viñedo desciende muy levemente arrastrado por el descenso de la uva para vinificación, explica el Ministerio, mientras que dentro de los frutales cítricos descienden todas las especies salvo el naranjo amargo.

Entre los que aumentan de superficie, destacan los frutales no cítricos (1,63%) y, dentro de estos, el almendro y el pistacho, seguidos en menor medida por aguacate, mango y arándano. Estos tres últimos suman en su conjunto más de 3.000 nuevas hectáreas respecto a 2022; el aguacate, concretamente, ha duplicado la superficie en los últimos veinte años y el mango ocupa una extensión tres veces mayor que en el año 2004.