Editorial

El dilema humanitario de la guerra entre Israel y Hamás

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La agencia de la ONU para los refugiados palestinos ha anunciado que la escasa ayuda que a cuentagotas estaba entrando en Gaza desde el inicio del conflicto, hace ya mes y medio, dejará de llegar. Las dificultades que rodean la situación de guerra en la zona impiden a este organismo de la ONU mantener la ayuda y compromete aún más a la población civil, atrapada por el conflicto y acosada por las bombas y por el hambre. 

Con las comunicaciones cortadas y ahora también sin combustible, los organismos internacionales apenas pueden hacer más que reclamar un alto el fuego que permita proteger a la población gazatí, unos 2,3 millones de personas que sobreviven a duras penas al asedio. Transcurridos dos meses desde el salvaje ataque terrorista de Hamás a Israel, que se cobró al menos 1.200 vidas y el secuestro de varios centenares de personas, la consiguiente guerra ha provocado otras 12.000 víctimas solo en la franja de Gaza, 5.000 de ellas niños.

La visita que este viernes realizaba a Israel el alto representante de la UE para Política Exterior, Josep Borrel, se sumaba a las que en las últimas semanas se han realizado para intentar mediar en un conflicto de décadas que ha explotado con especial virulencia tras el inesperado ataque terrorista a Israel del 7 de octubre. «Un horror no justifica otro», decía el jefe de la diplomacia europea, para expresar lo que otros representantes internacional, incluido Estados Unidos, han venido manifestando con especial énfasis en las últimas semanas, que partiendo del derecho de Israel a defenderse, debe hacerse con respecto al derecho internacional y con garantías humanitarias.

Los ataques a hospitales o las intolerables cifras de niños muertos en esta guerra ponen de relieve que estas cautelas no se están guardando. El cierre del paso de Rafah, que ha permitido la entrada desde Egipto de un goteo casi simbólico de ayuda humanitaria agravará aún más la situación en Gaza, asediada por los ataques y por necesidades vitales de todo orden.

Los esfuerzos diplomáticos apenas han dado frutos hasta ahora, mientras Hamás y los países que la sostienen siguen utilizando como escudo a la población palestina, secuestrada de facto por quienes dicen estar buscando su liberación.

A estas alturas del conflicto, caben pocas dudas de que la salida tiene que pasar por el aislamiento de Hamás y la aparición de un organismo que ejerza la representación del pueblo palestino, ante este dilema humanitario. Y también por un esfuerzo de la diplomacia para que Israel no se salga del concierto internacional. Para ello, el respeto del derecho humanitario y las garantías para la población civil son un requisito imprescindible.