Editorial

El ministro del Interior se resiste a dimitir, una vez más

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El descrédito del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, a su gestión en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado quedó simbolizado en el funeral de uno de los guardias civiles asesinados tras sufrir la embestida de una narcolancha. La viuda negó la imposición de la medalla al féretro de su marido que el ministro intentó colocar sin éxito en una situación violenta y dramática. En sus seis años al frente de la cartera ministerial, seguro que se trata de uno de los momentos más difíciles que ha vivido y que refleja el estigma y los sinsabores que han despertado sus decisiones.

De entrada, las asociaciones de guardia civiles han solicitado, en reiteradas ocasiones, su dimisión no solo por la muerte de los dos agentes que luchaban contra los narcotraficantes en el puerto de Barbate, sino por los múltiples errores, crisis migratorias, desplantes y falta de recursos con los que ha afrontado su mandato. El caso de la bahía de Cádiz resulta significativo e indignante para los que se juegan la vida detrás de quienes campan a sus anchas para introducir la droga en la costa andaluza. Agentes de la Guardia Civil e incluso la fiscal antidroga de Cádiz fueron contundentes por la tragedia en el muelle de la localidad gaditana. Resulta un clamor de los vecinos y de las autoridades de la zona al denunciar el incremento de la ruta de la droga y cómo cada vez más los narcos superan en medios a los aduaneros y a los guardias civiles, sin que haya un operativo y un refuerzo especial ante las embarcaciones ilegales que cruzan el Campo de Gibraltar.

Marlaska es de esos ministros, de confianza del presidente del Gobierno, que no se va a achantar por las críticas. Y, de momento, no piensa dimitir. Aunque siempre ha estado en todas las quinielas para abandonar el Ministerio cuando se abren crisis gubernamentales, Sánchez ha apostado por su perfil de jurista y magistrado, y le ha demostrado continuidad pesa al 'cese político' del coronel Pérez de los Cobos; la tragedia de la valla de Melilla o las reprobaciones en el Congreso de los Diputados. Pero las muertes de Barbate, unos días después de decir que esa zona era de las más seguras de Europa, han subido más la presión. Él fue el responsable de desmantelar la unidad de élite (OCON Sur) en 2022 contra el narcotráfico a pesar de las advertencias de la Guardia Civil. Este punto de inflexión debería hacer reflexionar no solo a Marlaska, sino también al presidente del Gobierno si decide finalmente volver a salvarle el puesto. Estar en el ojo del huracán de forma permanente en un cargo del que depende la seguridad y el orden no es la mejor manera de servir a un país.