La muralla de Soria recupera su esplendor

A.P.Latorre
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Tras retirar montoneras de tierra y vegetación ha resurgido parte de la estructura medieval que comienza a formar parte del paisaje después de que el Ayuntamiento haya apostado decididamente por su recuperación

La muralla de Soria recupera su esplendor - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez

La puesta en valor de la Muralla de Soria prosigue desde el Puente de Piedra hacia el Mirón y, aunque ha habido algún que otro parón por la Covid-19 las obras marchan a buen ritmo y concluirán en un año. El arquitecto Fernando Cobos, redactor del Plan Director que supondrá  invertir en distintas fases diez millones de euros, hace un balance positivo de esta actuación en 1,7 de los 4 kilómetros totales y con un millón de euros de presupuesto con apoyo del 1,5% Cultural y apunta que se ha hecho un desescombro importante tanto por fuera como por dentro  de la estructura datada en los siglos XIIIy XIV. «Ha aparecido mucha muralla pero también ha aparecido mucho daño», como zonas con «descalces terribles». Hay que tener en cuenta que toda la muralla hacía de dique de contención de las aguas del cerro del Mirón, que la han indo «reventando» y «comiendo los cimientos», sobre todo en las partes más bajas deteriorando mucho la muralla.

Por ello, se han arreglado todas esas partes y se ha conducido el agua, «abriendo una enorme atarjea que había, una salida gigantesca de aguas que estaba tapada y alrededor de la cual se había producido un descalce  impresionante de la muralla». Junto al portillo de San Ginés, que era la zona que realmente «estaba peligrosa» se ha hecho un trabajo importante de recalce, tanto la peña base como la propia fábrica de la muralla. Eso ha permitido recuperar la muralla por dentro y el resultado es más espectacular, ya que la muralla estaba prácticamente tapada por las tierras que erosionaban y  recibían agua. «Al liberarla parece que hay más muralla que la que había antes, pero sigue siendo la misma», apunta ilusionado el arquitecto responsable de la obra. Al mismo tiempo, se está «reordenando» la vegetación alrededor de la muralla en la parte externa, ya que al quitarse las acumulaciones de tierra mucha vegetación parásita desaparece.

Faltaría por actuar en la parte de abajo, todo lo que es la vereda del río, donde hay que liberar las salidas de agua. «El río como está embalsado está muy alto y mete agua a la muralla, por lo que hay que sacarla. Y, por otro lado, esos procesos de inundación del río han hecho que la vegetación esté en una situación muy mala. Hay chopos gigantes que están completamente podridos todos y al desescombrar el terreno tendrán que retirarse», apunta Fernando Cobos insistiendo en que la vegetación «está muy poco sana» por el terreno y aguas retenidos. El saneado de las plantas de la zona es otra de las cosas que llama la atención de los paseantes en la ribera del Duero.

 Sobre las crecidas y el agua embalsada del Duero en esa zona próxima al puente de Piedra, el arquitecto detalla que se va a mantener un borde de tierra más alto que la muralla que hará que aparezca un fosete que no es real pero protegerá la estructura del agua del río. El Duero siempre estuvo más bajo que la muralla pero la cota de embalse está demasiado alta en comparación. Es la parte que quedaría por acometer, la más cercana al agua, y ahora se está terminando de reconstruir la muralla junto al sendero del Mirón al Duero.  

torre recuperada. En cuanto al remate de fábricas y toda la consolidación de los bordes, el arquitecto destaca que ha aparecido una torre entera que «estaba prácticamente sepultada por los escombros y que se ha recuperado». Se va a hacer una especie de panda interior para que proteja la muralla por el interior y evitar que llegue el agua de escorrentía. «Esta protección que va a recorrer toda la muralla por el interior va a permitir liberarla del problema de las cargas», añade el experto de Valladolid muy vinculado al patrimonio soriano. 

El ritmo es bueno porque «la excavación arqueológico ha funcionado bien y también el desescombro y las salidas de agua se han encontrado bien». La clave de la actuación se encuentra junto a las ruinas de la iglesia de San Ginés, donde se ha abierto la gran salida de agua de la muralla que estaba tapada, «es por ahí por donde sale todo el agua del cerro» y por la parte de fuera «ha habido que reponer prácticamente toda la base porque el agua se la había llevado».

 La siguiente intervención será en el frente oriental del castro de la villa, más que del castillo, ya que había ambas cosas. «El castro, que era un recinto ovoide medieval, no prehistórico aunque seguramente también lo hubo, ocupa casi todo el jardín y se conserva bastante bien pero está cubierto por la vegetación y la tierra», apunta explicando que es lo que se va a restaurar.  Y el castillo más moderno del siglo XV, que es donde se ubica la piscina municipal, es el que todavía no se va a abordar. En definitiva, hay tres sectores: la zona más occidental del cerro donde se va a actuar, el castillo medieval y lo que está junto al Parador, que se ocupó.

Para Cobos, como arquitecto, «recuperar una muralla es una emoción grande, aunque hayamos ya recuperado muchas». «En estos proyectos, cuando haces el plan director, que lleva muchos años, ves cómo va a quedar al final y muchos no lo entienden hasta que lo ven hecho» y en Soria «la gente está acostumbrada a vivir de espaldas a su muralla durante mucho tiempo, era algo que aparecía de vez en cuando entre las casas y un incordio». «Ahora que se empieza a ver, porque ya no hay tierra y vegetación que la tapan, es una toma de conciencia por parte de la ciudadanía. La muralla es uno de los monumentos fundamentales, lo que hace ciudad, y Soria la tenía muy abandonada. En unos años, la imagen que va a tener Soria de sí misma respecto a la muralla va a ser muy distinta a la que tiene ahora», añade el arquitecto satisfecho de la actuación. 

El Día de Soria visitó esta semana las obras de la muralla, guiados por Cesáreo Rodríguez, de la empresa Trycsa, adjudicataria y especialista en intervenciones en patrimonio. Allí, una quincena de operarios y un arqueólogo (el equipo no ha encontrado nada de interés) trabajaban en la parte media de este tramo de la muralla, con un gran desnivel. Se comenzó de abajo a arriba con las catas y después retirando enormes montoneras de tierra y vegetación y construyendo de arriba hacia abajo, rejuntando y limpiando. A la vez, se instala el paseo de hormigón lavado que transcurrirá junto a la muralla para poder observar su paño y las tres torres: una cuadrada, otra redonda y otra que apareció tras retirar la tierra.