Alberto Palacios Lázaro

Alberto Palacios Lázaro


El papelón

04/11/2023

Como les ocurre a los actores, el feminismo radical se enfrenta al papel de su vida. Después de expulsar ideológicamente, y en ocasiones también físicamente, a la mitad de las mujeres españolas de su movimiento, se las han tenido que ver con ciertas circunstancias en las que el megáfono se quedó sin pilas, los sprais de las pancartas sin tinta y el router sin wifi, aborto de Ayuso aparte. Una auténtica lástima. Sobre todo, por la frecuencia con la que han ocurrido estas fatales casualidades. Todos creíamos que su máximo papel a defender sería el de Mutis en la serie Ley Sólo sí es sí, con casi 1.100 capítulos beneficiados. Pero ha llegado un nuevo guion. Después de dar la turra con el Ibex, los señoros,  las cuotas, lo patriarcal, las corbatas, la equiparación salarial de futbolistas -pero no de Policías y Guardias Civiles, caramba-, ahora van a hacer lo imposible para evitar que una mujer se convierta en nuestra Jefa de Estado. Como si la Peña Rubén Sanz hiciera todo lo que esté en su mano para que el maestro soriano no se anuncie una tarde en Las Ventas. Como si un partido que venía a asaltar los cielos por y para el pueblo hubiera acabado con las sacas llenas y con un electorado tan engañado como abandonado. 
Uno de los mejores profesores de mi facultad nos reiteraba que el último que quiere que se solucione un problema es al que han contratado expresamente para erradicarlo. «A ver si llega a Reina. Lo que faltaba. Una mujer al mando», se escuchará en alguna asamblea multidiversa. E hiperdispersa. Al menos, de la realidad. Si nos hemos librado de la patanería de nuestros dirigentes actuales ha sido por el impecable papel de Casa Real. Felipe VI ha consolidado el democrático trasatlántico que hizo zarpar don Juan Carlos I. Garante de nuestras libertades, más recortadas aún si de algún déspota dependiera, la Monarquía sigue siendo el árbitro neutral mejor preparado, más formado, más protocolario, educado, galante, elegante, moral, ético y estético que nos podemos dar los españoles. Lejos de tener que correr por un pasillo para hablar 20 segundos con Biden, Sus Majestades los Reyes de España son recibidos con los máximos honores allí donde van. Porque fuera de una ruidosa, que no toda, cainita, cutre y hortera disidencia patria, saben que España es tan alta nación como representación le dan sus Reyes. Después de recibir una educación tan exigente como especializada, después de renunciar a ser niña para ser directamente Princesa -de las de verdad-, después de dedicar sus 18 años de vida a asumir que ella no tendrá un año sabático postEbau para ver «qué le pide el cuerpo» o a qué 'facul' ir, de interiorizar que será Reina y que debe prepararse cada segundo para tal, después de todo eso volverán a ponerle las pilas al megáfono, volverán a comprar sprais y harán lo imposible para que Doña Leonor, mujer, no reine. Un episodio que, dentro de muchos años, la Reina Leonor habrá ha olvidado.