Lentejas en suelo soriano

S.Ledesma
-

Los hermanos Capilla siembran por primera vez unas 20 hectáreas de esta legumbre de la variedad Tierra de Campos, más conocida como pardina, en una provincia en la que el garbanzo cuenta con más tradición

Lentejas en suelo soriano - Foto: E.G.M Eugenio Gutiérrez Martínez

Es el primer año que Juan Carlos y Vicente Capilla optan por el cultivo de lenteja. Concretamente por uno muy conocido por su nombre comercial, pardina, pero cuya Indicación Geográfica Protegida (IGP) es Tierra de Campos. Con alrededor de diez hectáreas de esta legumbre cada uno en explotaciones diferentes en la provincia de Soria, los hermanos saben que en esta primera siembra no se van a llevar la sorpresa de «no dar en la tecla, acertar», pues es algo que siempre pasa. «Cuando no conoces el cultivo te sueles llevar un bofetón», dice Juan Carlos basándose en la experiencia. Esta apuesta por la lenteja pardina la han hecho a sabiendas de que el garbanzo tiene más tradición en la provincia de Soria. Sin embargo, para que su producción no caiga en saco roto se han iniciado en este cultivo con el aval de un acuerdo alcanzado con una marca de Castilla y León, habitual en los lineales de los supermercados de todo el país, que será la encargada de comercializar la legumbre. 

Sembrada a principios de abril, «quizá lo debíamos haber hecho un par de semanas antes», la cosecha de los hermanos Capilla estará lista para principios de julio, según las previsiones. Por el momento, «la nacencia es buenísima», aunque siempre hay que lidiar con alguna mala hierba; «capitanas», revela, mientras arranca un par de ellas para mostrar que, efectivamente, se trata de esta especie que puebla caminos y terrenos removidos, muy extendida porque su semilla sobrevive durante décadas. Juan Carlos arranca también unas plantas de lenteja para verificar su óptimo crecimiento. A primera vista se aprecia un cultivo hermoso, sano, al que no le ha faltado cuidado ni le han hecho mella plagas o inclemencias meteorológicas. Pero para apreciar bien su fortaleza hay que verificar la raíz y el experimentado agricultor muestra «unas bolitas que tiene y que fijan el nitrógeno», puntualiza, para destacar que se encuentran bien. Si no lo estuvieran, «como cuando hiela», las bolitas «estarían estropeadas». Eso es algo «común en las leguminosas», comenta. 

En total han sembrado «entre 2.200 o 2.300 kilos» de esta legumbre entre los dos en diferentes fincas, una de ellas en La Perera (en la imagen) y otra en Cabreriza. La empresa aporta la semilla, que luego deberá ser retornada conforme a las condiciones del trato. Así, por cada semilla, los agricultores devuelven «semilla y media» y se les abona la producción al precio estipulado por contrato. Después, las instalaciones de la empresa procesadora serán las encargadas de la recogida y manipulación del producto para su salida al mercado. 

conservar las semillas. Cabe destacar que el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl) ha impulsado, en colaboración con los principales consejos reguladores de IGP de legumbres de la Comunidad, el proyecto SECALEG. El objetivo es poner en marcha un sistema de conservación y multiplicación de semillas de calidad de legumbres de Castilla y León que asegure la provisión de simiente de estos productos de calidad diferenciada. Dentro del proyecto se incluye la lenteja Tierra de Campos, la misma que ahora se cultiva en las parcelas que trabajan los hermanos Capilla.

El interés por la siembra de legumbres en los campos ha crecido considerablemente en los últimos tiempos. Esto se debe a la situación actual del sector primario, que está soportando un alto precio de los insumos y esto repercute de forma negativa en la rentabilidad de su producción, y por la apuesta en la nueva PAC (Política Agraria Común) por las legumbres de consumo humano. 

experimentar por varios motivos. Ésta no es la primera vez que los hermanos Capilla experimentan con cultivos porque, como puntualiza Juan Carlos, además de buscar alternativas «por necesidad», por rentabilidad y dadas las circunstancias de precios en el agro actualmente, también buscan «innovar» para hacer algo diferente en una provincia eminentemente cerealista. Habla maravillas del lino (que ha cultivado como oleaginosa con bastante rendimiento), una especie que perfectamente «serviría como cortafuegos» en el campo (como la alfalfa, la esparceta, el cártamo o el girasol, enumera), pues «no arde», algo que considera debería ser susceptible de «subvención» por la contribución al mantenimiento del entorno. Además cuenta con un buen rendimiento, «parecido al girasol» y «no se lo comen los corzos, que con eso tenemos un problema y las administraciones deberían hacer algo al respecto». En este sentido, menciona que la dieta de estos animales, que incluye brotes jóvenes de los cultivos, «nos quita de media un 30% de beneficios, no de la producción». Entiende la necesidad de convivencia entre humanos y animales silvestres, pero «controlando todo, como se hacía antes». 

Su experiencia en leguminosas se remonta al menos al año 2008, principalmente para forraje. De las aproximadamente 200 hectáreas que él trabaja y las otras 180 que laborea su hermano, la alfalfa, «el mejor forraje» para los animales, es la que más cultivan. También han innovado con la esparceta, «el segundo mejor forraje después de la alfalfa y más rústica» que ésta, también denominada pipirigallo. Sus bondades son importantes, pero «casi no se conoce, así que es muy difícil darle salida». También trabajan con veza, que estaría tercera en el podio de las mejores leguminosas forrajeras, aunque la producen para grano, igual que hacen con el yero (algarroba). 

Aunque la alfalfa es «más rentable que el trigo» porque «lleva menos trabajo y menos gastos», este año, vaticina, «se estropearán muchos forrajes». «Hay una campaña potente, pero hay dificultades por varios factores: en las explotaciones se han quitado muchísimos animales por las pérdidas, se ha cerrado el Canal de Suez y el trasiego de contenedores desde Argentina y Brasil ha aumentado un 40%», puntualiza Juan Carlos. 

Los hermanos cuentan asimismo con algo de cártamo, «pero deja muy poquito para rotar siembra directa», y en algún momento también experimentaron con la colza, pero «no funcionó», quizá porque necesita «tierras más cálidas y con más lluvia». Buen conocedor de múltiples cultivos y de sus necesidades, Juan Carlos Capilla reflexiona en las parcelas de La Perera sobre otras posibilidades, pues «sería buena tierra para la lavanda», un cultivo que se da en otros puntos de la provincia. Pero las inversiones no caen del cielo cuando se vive del campo como arrendatario y porque «de cada diez cosas que pruebas sale bien una».

Así, no obvia que la situación del sector «está muy mal por los precios» y cree que será el último de su generación en vivir del campo. «Si seguimos así, el agricultor, como lo conocemos ahora, va a desaparecer», vaticina. Lamenta «las grandes inversiones de productos que nos meten de fuera de la Unión Europea (UE)»; «es salvaje», remarca. Mientras hace referencia a que en España «nos exigen parámetros fitosanitarios, de laboreo y de manejo del cultivo que no hay en otros sitios», lo que provoca una «competencia desleal y así no podemos sobrevivir». «Mientras no convenzamos al consumidor para que compre productos de la UE estamos perdidos», observa. 

Esa posibilidad, la vemos, está creciendo en los campos sorianos. Dentro de unos meses, en el lineal de algún supermercado o en una tienda de barrio estarán las lentejas que ahora cultivan los hermanos Capilla. La decisión corresponderá a cada consumidor. Ellos, con toda seguridad, repetirán experiencia el próximo año, «posiblemente con garbanzos», que era la idea inicial y, además, es un cultivo más habitual en la provincia. Así volverán a dar otra oportunidad para el consumo de producto local, español, europeo.