María del Pilar Berzosa

María del Pilar Berzosa


Con la mesa servida para el Domingo Mayor

31/03/2024

No se trata de un día más de los 366 que caben este año en el calendario. Por lo que me dispuse a cursar diez invitaciones especiales para el Domingo de Pascua, pleno de emociones para mí.

Por empezar, imaginando sentadas a mi mesa vidas que supieron habitar este mundo, y que se acercaron a la tercera década del siglo XXI, aceptando mi convite.

De fondo, un preludio y un poema sinfónico, melodías sin tiempo. Con una constelación de ideas propias y potentes, conquistas refinadas, destinos diversos, y con el acento en la Resurrección en esta fecha excepcional, cada uno volvió por un día a recrear la época que le tocó vivir con impulso y pasión, interpretando su tiempo al comunicarlo y expresarlo.

Así todo, los sentidos nos conectan íntimamente al pasado con una eficacia que muchas veces no lograrían nuestras ideas más elaboradas.

A mi derecha estuvo la mujer de Poncio Pilato, que en un versículo perdido en el relato que hace San Mateo sobre el proceso de Jesús ante su marido - el Procurador-envió a decirle que no se metiera con ese justo, pues había padecido mucho en sueños por causa de él.

A mi izquierda Débora, que como jueza árbitro resolvía los pleitos del pueblo de Israel, cuyos hijos iban a pedirle justicia.

Frente a mí, invité a sentarse a Juan Bautista Alberdi, uno de los varones más preclaros de América, Padre de la Constitución argentina. También Pericles fue de la partida, ligado al siglo más luminoso de la Grecia Antigua, y a quien se señala como el primer abogado profesional.

Así fueron ocupando sus sitios en mi mesa redonda, en la que disfruté mucho a tres españolas con algo en común... Concepción Arenal, con resonancia en Clara Campoamor, al sentirse muy identificada con ella, y Victoria Kent- parlamentaria, que como abogada penalista halló en la Arenal una buena referencia.

Si bien la experiencia humana se dividió en dos, no fue precisamente por la mitad, sino de forma un tanto sesgada entre razones y sinrazones, instaladas por siglos y siglos. Fue largo el proceso por el que se buscó pasar de una posición impotente y devaluada a la eficacia reconocida y consolidada. En el Mes de la Mujer, y en esta ocasión elegí más féminas.

Ya por este lado del mundo, voces de valía como la de María Angélica Barreda, la primera abogada en Argentina que ejerció la profesión en la ciudad de La Plata, y la escritora Alicia Jurado, Miembro de número de la Academia Argentina de Letras, y correspondiente de la Real Academia Española, a quien tuve el gran placer de entrevistar y luego tratar entre lindas charlas, al volver a recorrer el barrio gótico de Barcelona, el encanto de Palma, la pintura de Velázquez, el aire de ensoñación milenaria de la Dama de Elche, merodeando los lugares extremeños de sus antepasados españoles y paseando por el Retiro madrileño en un otoño dorado.

Completó el encuentro el Nobel Camilo José Cela, que bien supo de conversación lastrada de dignidad, buen sentido, gracia y palabras inteligentes.

En una atmósfera tranquila y festiva brindamos por la vida con mayúsculas, y desciframos signos de época con ojos nuevos. Juntos miramos el cielo y nos tomamos fotografías en una suerte de realidad virtual que extiende los sentidos en aspecto y en poder.

La Paz estuvo en cada uno de nosotros. No faltó el jamón serrano ni un Ribera en esta cita providencial, con agua de rosas, sopa especiada, y deleites varios. Tampoco echamos en falta blends a medida en la larga sobremesa con el gusto suntuoso de un sabroso chocolate pascual.

Como si el tiempo caminara en puntas de pie, los comensales dejaron su impronta sin solemnidad, entre miradas y planteos novedosos de páginas y capítulos con información sensorial llena de detalles de la Historia en un largo abrazo, junto a postales elegidas de Gómara, Almarza, Navaleno, Agreda, Noviercas, San Felices, Trévago, El Royo, San Esteban de Gormaz y Cabrejas del Pinar, en un Domingo gozoso, inspirado y elocuente -en sí mismo una forma de Gracia- presidido por un centro de flores recien cortadas y una frondosa imaginación.