Una relación agrietada

Agencias
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El conflicto en Oriente Próximo pone a prueba la amistad de cuatro décadas entre Biden y Netanyahu, cuyas diferencias en la gestión de la guerra están causando fisuras en su histórica alianza

El presidente estadounidense (i) lleva meses presionando a su aliado para que modifique su estrategia en la Franja, algo que el primer ministro israelí no contempla por ahora. - Foto: Miriam Alster / POOL

Al igual que ocurre en cualquier tipo de relación, la histórica alianza política y militar que Estados Unidos e Israel mantienen desde hace 75 años tampoco ha estado exenta de desencuentros, si bien todos ellos han llegado a buen puerto y el rumbo nunca se ha perdido. Un vínculo que se ha estrechado aún más si cabe en los últimos años gracias a dos grandes viejos amigos: Joe Biden y Benjamin Netanyahu.

Sin embargo, la guerra que comenzó el pasado 7 de octubre en la Franja de Gaza parece estar haciendo mella entre ambos líderes, cuyos lazos se encuentran ahora en su punto más crítico tras la presión del presidente estadounidense para que su aliado modifique su estrategia, algo que el primer ministro hebreo no parece estar dispuesto a hacer, al menos, de momento.

Desde que comenzó la ofensiva, la estrategia de Biden ha sido respaldar públicamente el derecho de Israel a defenderse de Hamás. El plan, sin embargo, no ha funcionado como se esperaba. La oposición de Netanyahu a una solución de dos Estados y su intención de proseguir con la contienda hasta alcanzar la «victoria total» en el enclave palestino han generado dudas sobre la capacidad de Washington para influir en su socio.

Todo ello ha provocado que la tensión entre ambos líderes haya ido en aumento desde hace varios meses. A mediados de diciembre, el inquilino de la Casa Blanca despertó la indignación del premier israelí al afirmar que Tel Aviv estaba perdiendo el apoyo de la comunidad internacional por los «bombardeos indiscriminados» sobre Gaza. Ese día, el mandatario recordó una frase que le había dicho anteriormente a Netanyahu, a quien se refiere cariñosamente como Bibi: «Te quiero, Bibi, pero no estoy de acuerdo con nada de lo que dices», unas palabras que ahora adquieren incluso más importancia.

La alianza volvió a agrietarse poco después cuando, frustrado, Biden concluyó abruptamente una llamada telefónica con su aliado con un tajante: «Esta conversación ha terminado», según sostienen funcionarios estadounidenses.

En cambio, un portavoz de la Casa Blanca señaló que la relación es «buena y productiva» y, debido a que ambos se conocen desde hace cuatro décadas, el líder demócrata puede ser «honesto y directo» cuando sea necesario.

Crecen los reproches

Pero en las últimas semanas, las diferencias se han hecho más evidentes, especialmente ante el objetivo israelí de una ofensiva a gran escala en Rafa, limítrofe con Egipto y donde se hacinan 1,4 millones de palestinos, lo que podría provocar un éxodo hacia Oriente Próximo de consecuencias impredecibles. Una amenaza que EEUU ve con demasiadas preocupaciones.

En público, Biden ha intensificado aún más su tono crítico hacia Israel. Hace dos semanas calificó de «excesivas» las operaciones en Gaza, que han dejado ya 30.000 muertos. Tampoco el primer ministro hebreo se ha quedado atrás, y hace apenas unos días contradijo a su viejo amigo al asegurar que su guerra tiene apoyo internacional, en contra de lo que el estadounidense sostuvo en una previa entrevista.

Ya en privado, una fuente familiarizada con las discusiones entre Washington y Tel Aviv afirma que Biden ha empezado a ver al propio Netanyahu como un obstáculo. De hecho, la gestión del conflicto en la Franja está pasando factura al jefe de la Casa Blanca y su apoyo se ha reducido drásticamente en un año crucial de elecciones en EEUU. 

La venta de armas

Pese a todo, el cambio de retórica para presionar a Netanyahu no representa una variación significativa en el respaldo de Washington, señala Aaron David Miller, un exdiplomático que asesoró a presidentes republicanos y demócratas en el conflicto palestino-israelí. «Es cierto que la Administración está bajo una presión tremenda y que el tono ha cambiado, pero no estamos al borde de una gran ruptura», defiende.

EEUU no quiere poner condiciones en la ayuda militar a Israel y, hasta ahora, lo único que ha hecho Biden es firmar este mes un memorando que establece que los países que reciben armamento norteamericano deben cumplir ciertos requisitos humanitarios.

Solo los próximos meses dirán si la férrea relación consigue superar los baches del camino o, si por el contrario, la histórica amistad queda dañada de muerte.