Fernando Aller

DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Beber en laguna

29/12/2023

Si algo ha definido el año que concluye es la tensión. Interior y exterior. Hemos percibido que los conflictos internacionales condicionan nuestra vida más de lo que creíamos, tanto desde el punto de vista económico como en las relaciones sociales. Y en el suelo patrio, el año que ahora concluye nos ha deparado una bochornosa lección: A los políticos, a los que pagamos el sueldo y demás bicocas para que velen por nuestro bienestar, les importamos un comino. Sabiendo que toda generalización incluye una falsedad, es evidente que en el año que concluye los partidos políticos no han estado a la altura de lo que se exige de ellos, respeto mutuo, colaboración ante las dificultades, decoro y ejemplaridad. El ´y tú más` se ha impuesto al análisis, a la reflexión y al contraste de ideas y proyectos. Ahora la política se reduce a buscar la frase más impactante, sea verdad o mentira. Manda el titular, ocupar ese espacio, pisar esa laguna turbia en las primeras horas de la mañana en la que irán a beber los periodistas y contertulios para el bucle diario en el que se ha convertido la información. Así se ha denigrado aquel término tan refrescante por incontaminado que en el mundo de la información llamábamos fuente.

Si miramos más allá, la situación es aún peor, porque al fin y al cabo aquí se dispara solo con palabras. La guerra de Ucrania, por la proximidad geográfica y por el impacto registrado sobre nuestras vidas, la extraordinaria atención que suscitaba en los medios de comunicación y por la pertenencia propia a uno de los bloques militares, generaba una tensión que creíamos difícilmente superable. Hasta que llegó la Guerra de Gaza, en la que la población civil y el exterminio sistemático se constituyeron en objetivos militares. La saturación por el horror nos llevó a olvidarnos de Ucrania. Y en medio de tanta tragedia, cual cuervos aprovechándose de los residuos, los políticos caseros también se han sumado a la orgia del degüello. Y ahí estábamos los periodistas, utilizados como carne de trinchera, los más por omisión unos pocos por acción, para beber también en el fango, ahora ensangrentado.