Cariátide

Laura Álvaro

Profesora


Solidaridad en tiempos de coronavirus

21/03/2020

La situación actual, el confinamiento obligado en nuestros hogares debido a la crisis sanitaria provocada por el COVID- 19, nos está robando muchas cosas: momentos de socialización, ocio, viajes, trabajo, consumo, etc. Pero, a cambio, nos está regalando algo mucho más valioso, y a lo que apenas le estamos dando importancia: tiempo. Tiempo para detenernos y pensar, y comprender lo que realmente importa, replantearnos nuestra escala de valores y centrarnos en lo que no nos da segundas oportunidades: la salud. 
Y es, enmarcado en este presente y en esta realidad que nos ha obligado a pararnos, en la que surgen las reflexiones sobre el sistema que construimos día a día. Un sistema voraz, implacable, donde solo triunfan algunos a costa del resto. Un entorno hostil, jerárquico, competitivo, donde apenas hay espacio para la solidaridad, para lo humano. Donde lo material, lo económico, el dinero, es infinitamente más importante que los cuidados. Un sálvese quien pueda a costa del resto. 
En feminismo existe una teoría, la teoría de escisión del valor, de Roswitha Scholz, que se antepone a la teoría de valor de Marx, y que podríamos resumir, en palabras de su autora, de la siguiente manera: “la relación jerárquica de los géneros en el patriarcado capitalista está determinada fundamentalmente por la separación de cualidades, adjudicaciones y actividades específicas y típicamente ‘femeninas’ que no pueden ser subsumidas a la forma valor ni a la abstracción ‘trabajo’. Viene a remarcar la diferencia entre el trabajo productivo y reproductivo, el reconocimiento de ambos en el mercado actual, y su atribución con relación al sexo.  Pero, en situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Y es que a partir de la actual crisis sanitaria se está empezando a dar importancia aquel valor que históricamente le ha correspondido a las mujeres -y que por ello contaba con una menor relevancia-: los cuidados. Los informativos se llenan de noticias que alaban la solidaridad vecinal, el reconocimiento del trabajo del personal sanitario, o la disposición generalizada por ayudar a los demás. Sin embargo, esto es lo que ha tejido redes desde el comienzo de la historia de la humanidad pero que, al confrontarse con el capital, con la economía, quedó infravalorado, relegado al último lugar. 
En tiempos del coronavirus, cuidarse está de moda. Hoy en día hemos redescubierto que lo que de verdad nos reconoce como miembros de la misma especie, como seres humanos, es el concepto de tribu. Y, como parte todos de este gran grupo social, no nos queda otra que protegernos y prestarnos atención, en busca del bienestar común por encima del individualismo exacerbado propio del capitalismo. Como toda gran crisis, esta situación que estamos pasando -y que parece que se va a alargar durante varias semanas más- nos debe de servir para replantearnos los principios que hasta ahora marcaban nuestro comportamiento. Una de las batallas más históricas del movimiento feminista ha sido la conquista de espacios masculinizados: el entorno laboral, los cargos de poder político o empresarial… en definitiva, lo público. Sin embargo, quizás ha llegado el momento de entender que ese no era el camino para nadie -ni hombres ni mujeres- y que lo necesario es reconocer lo que de verdad importa: la familia, el vecindario, las amistades… en definitiva, las personas.    



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