JALÓN POR LA VEGA

Silvia Garrote

Periodista


Mojarse o no mojarse

04/07/2020

Esa es la cuestión de este verano, mojarse o no asumiendo la responsabilidad frente los posibles casos de coronavirus que se pudieran producir. El asunto está detrás de la suspensión de todos los actos festivos de pueblos y ciudades y de la inmensa mayoría de actividades culturales. Es obvio que la pandemia nos ha dado de lleno y todavía sufrimos sus nefastas consecuencias, no hace falta decirlo, aunque nada tiene que ver la situación actual con lo vivido. Tampoco hace falta decir que hay que seguir tomando precauciones si no queremos que los rebrotes acaben con nuestra recuperada normalidad, aunque no lo sea del todo. Pero me parece que se nos ha ido de las manos lo de cerrar y tirar la llave en cuanto a fiestas y eventos, y no se han tenido en cuenta a las miles de empresas que viven de ello y al gran refilón que el asunto toca a la hostelería.  
Vengo de pasar unos días en San Sebastián, una ciudad a la que adoro por muchos motivos. Allí el coronavirus no ha tocado como en otros lugares y, quizá por ello, he visto menos mascarillas y precaución en general que en Soria, por poner un ejemplo. Las playas de la ciudad estaban llenas de gente y apenas había restricciones para entrar, salvo en las horas de pleamar. Sin parcelas ni nada parecido, el acceso es sencillo y el hecho de guardar las distancias depende de cada cual. Obviamente, uno va a plantar su toalla en los huecos posibles, con la lógica de no estar encima del resto de bañistas, compartiendo el espacio con cabeza.  Esta situación me ha hecho pensar que de la misma forma se podrían celebrar conciertos u otros eventos en grandes espacios abiertos en los que cada uno pudiera responsabilizarse de guardar las distancias, protegiéndose además con las mascarillas. Lo mismo podría ser en muchas de las verbenas de los pueblos de Soria, en las fiestas patronales, y no comprendo bien por qué todos los ayuntamientos y la Diputación incluida, han decidido cancelar sin más todos los actos culturales y festivos, en vez de trabajar la forma de convocarlos con seguridad. Quizá en unas fiestas multitudinarias como los Sanjuanes sea más complicado, pero en la mayoría de los pueblos podrían celebrarse fiestas con música, juegos o pasacalles siempre que todos nos hiciéramos cargo de la importancia de respetar las normas sanitarias. Pensar que somos incapaces de hacerlo es infantilizar a la sociedad. En la capital hubo un amago de convocatoria del Enclave del Agua que después se corrigió. La propia Junta de Castilla y León dio la excusa perfecta al resto de administraciones locales suspendiendo todas las fiestas patronales, y solo Valladolid se rebeló en cierto modo. 
He hablado con algunos alcaldes de pueblos de Soria y creen que habrá algún tipo de celebración espontánea este verano, pero ninguno se quiere arriesgar a organizar de manera oficial y que ocurra algo. Por una parte, es entendible, sobre todo en los casos en los que los alcaldes lo son prácticamente porque les toca serlo, pero por otra, en muchos casos se podría haber trabajado para que la cultura y la fiesta no desaparecieran. Al fin y al cabo, también son importantes, por lo que suponen para muchas empresas y por la necesidad que tenemos todos de divertirnos y expansionarnos tras unos meses de encierro, miedo y enfermedad. Si hemos sido capaces de regular el espacio en la hostelería o en los cultos religiosos, ¿no podríamos hacerlo también en las fiestas patronales? Habría que mojarse, eso sí.



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