Cariátide

Laura Álvaro

Profesora


Interseccionalidad

03/05/2020

En estos días de encierro obligado, el poco tiempo libre que me deja la conciliación de la vida familiar y laboral (¿quién dice que se está aburriendo durante la cuarentena?) se lo estoy dedicando a la lectura. Demasiados títulos pendientes y otros tantos que se descubren por el camino. Y, entre tanta letra, he descubierto -o, más bien, he aprendido a nombrarlo- un concepto de lo más interesante y aplicable a una tierra como la nuestra, que ya de por sí sufría de un doloroso abandono institucional previo a la crisis sanitaria, pero que además se ha convertido en una de las grandes víctimas del COVID- 19. La palabra en cuestión es interseccionalidad. Aunque la RAE no la recoge en su diccionario, podemos definirla brevemente como la interconexión entre diferentes categorías sociales y sus respectivos sistemas de opresión. Y, ¿por qué me he ido a fijar justo ahora en esta idea? Porque, aunque no se adapta a la perfección a su significado, para mí representa de una manera bastante precisa lo que está sucediendo en Soria en relación con la actual situación del coronavirus.
 También podemos tirar de refranero español, y decir aquello de «a perro flaco, todos son pulgas». Y es que, por si no teníamos suficiente con ser una representación fehaciente de la España Vaciada y la falta de recursos que eso nos ha acarreado a lo largo de décadas, ha tenido que llegar el SARS- CoV-2 a hacer estragos entre nuestra ya débil población. Con un índice de contagios que ha triplicado la media española, y una especial repercusión entre nuestros mayores, la provincia trata de luchar con insuficientes herramientas. Y creo que no hay ni un solo soriano ni soriana que no se haya hecho esta pregunta: ¿por qué nos ha afectado tanto? Hablamos de una provincia con una densidad de población de 9 habitantes por kilómetro cuadrado, es decir, lo que se conoce como desierto demográfico. ¿Dónde ha estado entonces el problema? Parece complicado dar con una respuesta certera, pero hay varias hipótesis en las que sí que hay consenso. En primer lugar, los científicos consideran cada vez más viable la conjetura de que el clima juega un factor determinante. Así, una meteorología fría y seca (es decir, la que caracteriza a nuestra provincia), promueve la expansión rápida de la enfermedad. Aunque esta no es una buena noticia precisamente, sí ofrece un hilo de esperanza al que amarrarnos de cara a la llegada del buen tiempo. 
Por otro lado, también habría que analizar el rol que han jugado los sorianos de la diáspora en esta situación. Son muchos los vecinos que tuvieron que abandonar sus raíces para labrarse un futuro profesional en las grandes urbes que nos rodean. Y son muchos también los que volvían a casa con asiduidad para reunirse con sus seres queridos, visitar a sus mayores, etc. Es inevitable pensar en esta como otra vía de contagio.  Por último, el débil sistema sanitario con el que contamos ha supuesto un gran hándicap. Solo el esfuerzo titánico de los profesionales de la salud -que además han tenido que contar con refuerzos, llegando incluso a reclamar a trabajadores y trabajadoras recién jubilados- han logrado sobrellevar esta situación con un mínimo de éxito, dadas las circunstancias y el poco apoyo institucional con el que -una vez más- se ha contado. A otra cosa no, pero a defendernos pocos nos ganan. ¡Ánimo, Soria, resistencia numantina!



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