SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Rosebud

17/04/2020

Empiezo con un spoiler de ‘Ciudadano Kane’. Cuando Charles Foster Kane fallece musita una sola palabra: «Rosebud». En su entorno desconocen el significado. Al final de la película aparece esa palabra impresa en el trineo con el que jugaba en su humilde infancia. Paupérrima infancia, pero feliz junto a sus padres.  Aunque Kane logró ser un poderoso magnate, su mayor riqueza se quedó en sus recuerdos infantiles. El trineo se convierte en una metáfora de la infancia perdida. 
Ahora que estamos creando recuerdos tan peculiares, quizá deberíamos reflexionar sobre los que estamos dejando a nuestros niños encerrados a cal y canto entre cuatro paredes. Deberíamos ser muy puntillosos con la herencia memorística que les estamos dejando no sólo con esta crisis sanitaria y sus daños colaterales. Estas vivencias les marcarán para el resto de sus vidas como a Kane su trineo. Educar es la tarea más difícil que existe en el Universo. Y educar en el confinamiento debe ser más complejo que entender física cuántica. Me pregunto cómo evocarán en su madurez estos días de confinamiento infantil. Si recordarán hasta la muerte su propio Rosebud. Si musitarán en el último halo de vida alguna palabra relativa a estas semanas de encierro obligado salpicado de carreras por las escaleras vecinales, de harina repostera, de disfraces y aplausos en los balcones. Solo hay que dejarse llevar, no es necesario forzar nada grandioso, para crear esos recuerdos que nuestros niños guardarán quizá como lo mejor de sus vidas. Como Kane podrán alcanzar metas y carreras fulgurantes, pero siempre conservarán en su memoria los destellos que nosotros les ayudemos a crear. 
Y mientras nuestros niños crean los recuerdos del futuro, los de mi generación, o al menos, yo, nos hemos vuelto bastante melancólicos con este lío del confinamiento. Hemos desempolvado fotos de juventud y de infancia con la excusa de los retos que circulan por las redes sociales. Recordamos otros tiempos. Volvemos a escuchar canciones y voces de cantantes que dormitaban desde hace décadas. Me paso el día escuchando a Patrick Hernández y bailando su ‘Born to be alive’. En el fondo siempre supe que había nacido para estar viva. Y vuelven otras personas. Yo he recuperado estos días la relación con algunos amigos y compañeros del colegio con los que no hablaba desde hace más de treinta años. Y es maravilloso hacer memoria con ellos. Recuperar recuerdos dormidos que renacen como si los hubiéramos vivido ayer. Y coincidimos con Kane en que no nos hacía falta nada de lo que durante años hemos creído que era imprescindible. Comprobamos que hemos consumido durante décadas estupideces para engañar a nuestro cerebro dormido. Solo nos hacía falta un Rosebud en nuestras vidas.  



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