SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Paradojas

27/11/2020

Que paradojas tiene la vida. Maradona se fue a morir el Día contra la Violencia de Género. El mismo Maradona que fue acusado en varias ocasiones de maltrato a mujeres y de acoso sexual. El corazón se le paró mientras el mundo entero se rebelaba contra la violencia de género. ¡Qué paradojas tiene la vida! Proclamas teñidas de morado contra esa lacra social mezcladas con las loas al futbolista, al astro. ‘Ni una menos’, gritaban en medio mundo, la consigna que dio nombre a un movimiento feminista surgido precisamente en Argentina, en el país donde lloran a Maradona, el de la mano de dios. La misma mano que alzó una copa del mundo. La mano que se alzó contra cuerpos de mujeres. Es Dios, dicen los argentinos. Y probablemente lo rumien todos los forofos y amantes del fútbol. Hay que separar lo profesional de lo personal, dicen para justificar sus conductas inmorales y en algunos casos ilegales. ¡Qué hipócritas somos los seres humanos! Dependiendo del estatus de las personas, las aceptamos o las rechazamos. Si hablamos de una persona anónima y sin recursos con problemas de adicciones, no dudamos en definirlo como un drogadicto. Lo discriminamos. Incluso si tienen una vida difícil hasta los juzgamos con crudeza: se lo ha ganado a pulso. Pero si la persona con adicciones se llama Diego Armando Maradona, hay que entender que es una víctima de su propia carrera profesional y sus orígenes humildes. El pobre. Es Dios, insisten en Argentina, qué importa lo demás. Tres días de luto oficial en su país. Se ponen la venda en los ojos y solo dejan un agujerito chiquito para poder rememorar sus piernas pegadas a un balón correteando por el césped. Qué paradojas tiene la vida que muestra a una sociedad que crea un ídolo de dudosa moralidad pero de indudable valía deportiva mientras grita, ‘ni una menos’. Vaya un opio de mierda tiene este pueblo del siglo XXI.
Yo que tengo un hijo adolescente que juega al fútbol y que es aficionado como el que más a este deporte, numantino de pro, no quiero que tenga como referente deportivo a un señor que sale con una escopeta a la puerta de su casa a amenazar periodistas. Que maltrata a las mujeres. Las habilidades de sus pies golpeando un balón no pueden servir de aval. No es justo. No todo vale en esta vida. Todas sus cualidades deportivas se disipan en ese mar de conflictos, de comportamientos indignos. Es un enfermo, dicen otros para justificarle. Probablemente lo fuera, pero ese barniz para que el ídolo de masas siga brillando no creo que sirviera de consuelo a las víctimas de malos tratos en un día como el 25 de noviembre. Dicen que no hay nada como morirse para que te hagan bueno. En el caso de Maradona, no necesitó morirse un día contra la violencia de género. Ya fue Dios en vida.



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