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Loli Escribano

SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Con las manos en la masa

19/11/2021

Uno de mis programas favoritos en la adolescencia era "Con las manos en la masa". No me atraía la gastronomía ni tenía ningún interés en aprender a cocinar. Lo que me encantaba era ese ambiente que Elena Santonja creaba con sus invitados entre los fogones: Adolfo Marsillach, Joaquín Sabina, Chicho Ibáñez Serrador, Gonzalo Torrente Ballester, Antonio Gala o Fraguas; entre otros muchos. Confesiones, experiencias vitales, reflexiones y testimonios sinceros. Santonja tenía la habilidad de que sus invitados se mostrasen de manera natural y genuina. El otro día, en vez de ver a Ayuso en El Hormiguero, yo me puse en mi portátil a Fernando Fernán Gómez cocinando con Elena Santonja unas lentejas. Acerté en la elección. No soporto los formatos de programas actuales en los que se camuflan entrevistas en magazines en clave de humor que no suelen tener ni pizca de gracia.

Aunque una de las cosas que más me gustan en la vida es reír, aunque me encanta disfrutar de ese baile de endorfinas que produce la risa; no me gustan esas entrevistas de televisión actuales en las que el invitado tiene que ser el más gracioso, el más divertido, el más ingenioso. A pesar de que en su vida real sea un auténtico petardo. Postureo puro y duro. Programas guionizados en los que la autenticidad brilla por su ausencia. Preguntas y respuestas preparadas para que el entrevistado se muestre tan perfecto, tan estupendo, tan enrollado. Para que el entrevistador aparezca como un tipo amable que quiere hacernos el favor de poner una pizca de sal y pimienta en nuestra vida. Entrevistas que no aportan nada, vacuas, triviales, anodinas. Por no aportar, ni siquiera garantizan ese rato de diversión que anuncian a bombo y platillo. Me aburren. Estoy cansada de formatos en los que se desperdicia la oportunidad de aprovechar la presencia de personajes a los que se les puede arrancar un testimonio interesante que nos deje pensando durante unas horas. La entrevista es mi género periodístico favorito. Cuando está bien hecha, claro. Porque cuando se utiliza para el peloteo, para banalidades, para anécdotas que no tienen ninguna enseñanza o para blanquear la imagen del invitado; me producen urticaria. Ya no hay preguntas ácidas, preguntas irónicas, comprometidas. Ya no hay respuestas inteligentes y sinceras. Ahora todo es amable, edulcorado. Todo está estudiado: el estilismo, los gestos, el tono, el decorado, el público. Lo más dramático es que es reflejo de la sociedad: postureo. Me pregunto si Ayuso hubiera accedido a cocinar con Santonja, que en paz descanse, un cocidito madrileño.