SIN RED

Loli Escribano

Periodista


La gente

15/01/2021

¡Qué fácil es tirar balones fuera cuando uno quiere escaquearse de sus responsabilidades! Es lo que hacen Casado e Igea culpando a los ciudadanos del repunte de los contagios. Hablan de “los ciudadanos” como la mayoría de las personas habla de “la gente”: en tercera persona. Cuando se trata de atribuir alguna actitud inadecuada, se tiende a utilizar esa tercera persona como “la gente”; aunque los Consejeros aludidos, como son más finos, prefieren utilizar el término “los ciudadanos”.

Oigan, mensaje alto y claro para que no quepa ninguna duda. Ellos son perfectos. Lo hacen todo bien. No les oigo nunca expresarse en primera persona del plural: nosotros hemos sido responsables en Navidad y ahora hay un repunte. Ni tampoco valoran la posibilidad de que las mismas medidas anti Covid no sirvan para nada a la vista de que las repetimos por tercera vez, sin éxito. Si quieres resultados diferentes, haz cosas diferentes; pero, por favor, dejen de salvaguardar su honorabilidad en las terceras personas del singular o del plural; en “la gente” o “los ciudadanos”.

Se ve que Casado e Igea jamás se olvidan la mascarilla al salir de casa, nunca se han juntado en un bar en el que había algo más de aforo del permitido ni tampoco se han juntado con once personas a tomar las uvas en Nochevieja. ¡Qué agotadores resultan!

Somos expertos en no asumir responsabilidades. Ni estos personajes lo hacen con sus competencias sanitarias que han convertido, diez meses después, en un ejemplo flagrante de inutilidad. Ni tampoco lo hace la sociedad en general cuando utiliza esa tercera persona del singular para quejarse de que “la gente” no cumple con los protocolos sanitarios, la gente no quiere vacunarse, la gente es machista, la gente es irresponsable, la gente es violenta. La gente. Ese concepto indefinido, ambiguo, válido para todos los demás menos para el que alza la voz refiriéndose a “la gente”. Esa expresión se ha convertido en la varita mágica para acusar a los demás de comportamientos o actitudes que nosotros no asumimos. Cuando decimos “la gente” no solo estamos atribuyendo una conducta peyorativa a un colectivo sin nombre y apellidos, sino que además nos ponemos a resguardo. Es como si dijéramos, el resto del mundo es así, pero yo no. ¿Quiénes son la gente? ¿Todos menos el que está exponiendo su opinión? ¿El que habla se salva de esas actitudes inadecuadas? Si todos atribuimos a “la gente” esos comportamientos, ¿quién queda libre? Las acciones que encasquetamos a los demás son las poco ejemplares, porque para las buenas no utilizamos la “gente”, utilizamos la expresión “yo siempre”: yo siempre llevo mascarilla, yo siempre guardo la distancia social, etc. Dejemos a la gente en paz y asumamos cada cual lo que nos corresponda.



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