Carmen Hernández

Periodista


Negacionistas

A mí, me recuerdan a la tercera fase de la borrachera tradicional: «Negación de la evidencia», y ojalá fuera eso, una cogorza monumental que se pasa a base de aspirinas y café con sal. Pero no. Hoy mismo cuando escribo este artículo, que es miércoles, nos hemos enterado del cuarto caso de mujer asesinada por su pareja en lo que va de año -¡y no llega a un mes!- y todavía sostienen los negacionistas patrios que se trata de «un problema inexistente»; que la Ley de Violencia de Género supone una discriminación legal para los hombres, que atenta contra las garantías judiciales y no sé cuántas sandeces más. Claro, si todo es mucho más sencillo: «la maté porque era mía como se ha hecho toda la vida de Dios»; patente de corso para que los hombres que lo deseen puedan manejar y controlar a las mujeres de su entorno, eso es lo que necesita este país. Si van a tener razón los psicólogos cuando dicen que estos individuos niegan la realidad para evadir una verdad incómoda que, en este caso, es que el machismo mata. Mejor no enterarse, aquí no pasa nada y podemos seguir ridiculizando a esas feministas (me niego a utilizar el insulto que se han inventado para ellas/nosotras) que pretenden conseguir la igualdad absoluta. Esto, para algunos, es un agravio y una pérdida de privilegios inaceptable pero no se atreven a decirlo en voz alta. Mantienen su sentimiento de superioridad pero notan que ni la ley ni la gran mayoría de la sociedad les apoya. ¿Qué hacer, entonces? Muy fácil. Si negamos el problema, no harán falta soluciones y todo volverá a ser como antes. ¡Qué bien!
San Pedro que fue un gran negacionista: dijo tres veces seguidas que no conocía a Jesucristo de nada y, según San Lucas, no se suicidó del remordimiento gracias a una mirada del Mesias que le dio fuerzas. Recomiendo a cierto exlegionario negacionista con apellido de torero y resonancias anglosajonas que mire a la cara a las víctimas de violencia de género.No se ha atrevido hasta ahora y el miedo es muy malo.